🌬️ “Aceptar como el Viento”

La alquimia de vivir sin aplastar las montañas

Por Carlos Salinas G. | TRMX

¿CÓMO LUCHAS CONTRA EL VIENTO?

¿Cómo aplastas las montañas?
¿Cómo entierras el mar?
¿Cómo escapas de la luz?

La mente hace preguntas así cuando está cansada de resistir.
Y es justo ahí —en el borde entre la pelea y la rendición—
donde comienza la aceptación.

Vivimos en un mundo que nos enseñó que si algo duele, debe corregirse.
Que si algo incomoda, debe eliminarse.
Pero ¿y si el dolor no es el enemigo?
¿Y si, como el viento, solo está ahí… para movernos?

I. NO ES RESIGNACIÓN. ES REVERENCIA.

La aceptación de la que hablamos en ACT no es pasividad ni rendición derrotista.
No es decir “así soy, ni modo”.
Es decir: “esto es lo que hay… y aún así, elijo vivir con los ojos abiertos”.

Aceptación es permitir que el mar sea mar, sin pedirle que deje de tener olas.
Es soltar la ilusión de controlar lo incontrolable,
y hacer espacio para lo que ya está aquí,
sin tener que amar el dolor…
pero sin pelearse con él.

Rumí lo sabía cuando escribió:

“La herida es el lugar por donde entra la luz”.

La aceptación es un acto de profundo respeto:
por tu historia, por tu humanidad, por este instante tal como es.

II. ¿CÓMO ENTERRAR EL MAR?

Puedes querer negarlo.
Puedes cerrar los ojos.
Puedes distraerte con ruido, redes o rutinas.
Pero el mar seguirá estando ahí.
Moviéndose, respirando, salado y vasto…
esperando que dejes de pelear para poder abrazarte.

Muchas personas llegan a terapia esperando herramientas para “apagar el mar”.
Pero la propuesta no es esa.
Es aprender a nadar.

Aprender a flotar incluso con miedo.
A navegar incluso sin certezas.
A cantar incluso con el corazón roto.

John O’Donohue decía que hay un tipo de belleza que solo aparece en medio de la oscuridad.
Y es cierto.
En el naufragio de lo que no pudimos controlar,
a veces descubrimos el faro interno que no sabíamos que teníamos.

III. LA MENTE QUE HUYE LLEVA CONSIGO EL PROBLEMA

“¿Cómo escapas de la luz?”

Puedes correr, sí.
Esconderte, cubrirte, negarlo.
Pero tú seguirás ahí.
Tu historia te seguirá.
Tus pensamientos, tus recuerdos, tus emociones…
no se vencen a golpes.

Alan Watts lo decía con ironía brillante:

“Intentar controlar tu mente es como tratar de agarrar agua con un puño cerrado”.

Entre más te peleas con lo que sientes, más se vuelve eso el centro de tu vida.
Y aquí es donde ACT (Terapia de Aceptación y Compromiso)  da su giro:
No se trata de pelear menos, se trata de pelear con más sabiduría.

Porque la verdadera pregunta no es:
¿Cómo dejo de sentir esto?
sino:
¿Qué quiero hacer con mi vida, incluso sintiéndome así?

IV. LA PRÁCTICA DE ESTAR CON LO QUE ES

Aceptar no es una frase bonita de Instagram.
Es una práctica radical, a veces incómoda,
pero profundamente transformadora.

Implica observar lo que aparece en ti:
—una punzada de miedo
—una ráfaga de tristeza
—una tormenta de culpa
—una sombra de soledad

…y no reaccionar de inmediato.
No correr. No distraerte. No anestesiarte.
Solo quedarte ahí, un momento más, respirando.

Como decía Ram Dass:

“Lo que resistes, persiste. Lo que aceptas, se transforma.”

Porque no estás hecho para controlarlo todo.
Estás hecho para estar presente.

V. LAS MOTAÑAS TAMBIÉN SON PARTE DEL PAISAJE

Hay dolores que no se quitan con terapia.
Hay pérdidas que no se “superan”.
Hay personas que se van y dejan un eco en la piel.
Eso no es un error. Eso es vivir.

Entonces, ¿cómo aplastas la montaña…?
No la aplastas.
La subes.
O la bordeas.
O te sientas frente a ella a contemplarla, sabiendo que su existencia también te forma.

Porque incluso en lo que no cambia,
tú puedes transformarte.

Aceptar no es resignarte a que “así serán siempre las cosas”,
sino abrirte a que incluso en ese escenario,
sigues teniendo elección.

VI. LA LIBERTAD ESTÁ EN DEJAR DE LUCHAR CON LO QUE YA ES

La lucha interna constante —esa pelea silenciosa con tus pensamientos, emociones, historia o cuerpo—
es como intentar empujar el mar con las manos.

No se puede.
Solo te agotas.
Solo te frustras.
Solo te desconectas.

Aceptar es dejar de gastar tu energía en eso,
para empezar a usarla en lo que realmente importa:

📍 Cultivar relaciones significativas
📍 Hacer arte
📍 Caminar con alguien que amas
📍 Pedir perdón
📍 Levantarte otra vez
📍 Volver a confiar en ti

Cuando ya no estás ocupado luchando con lo que sientes,
puedes empezar a construir lo que eliges vivir.

VII. ACEPTAR ES UN ACTO DE CORAJE

No cualquiera se atreve.
Aceptar la vida como es —con su imperfección, su incertidumbre y sus pérdidas—
requiere valor.

Es más fácil anestesiarte.
Es más fácil culpar a otros.
Es más fácil querer soluciones inmediatas.

Pero aceptar es un acto revolucionario.
Porque al hacerlo, recuperas tu poder.

No sobre los hechos.
Sino sobre tu respuesta.

Y eso, en términos de ACT, es el corazón de la flexibilidad psicológica:
dejar de controlar la experiencia interna y redirigir la acción hacia tus valores.

EPÍLOGO: HAY COSAS QUE NO SE ENTIERRAN

El mar, el viento, la luz y las montañas…
no se vencen.
Se aceptan.
Se habitan.
Se transitan.

Igual que la tristeza.
Igual que el miedo.
Igual que el anhelo.
Igual que el amor que no pudiste dar.
O el que se fue sin despedirse.

La vida no pide que la comprendas.
Solo que la vivas.

Así que la próxima vez que te preguntes:

¿Cómo lucho contra el viento?
Recuerda que no tienes que hacerlo.

Respira.
Suelta los puños.
Y camina…
…aunque sea con las rodillas temblando,
pero con el corazón presente.

Porque aceptar no es ceder.
Es elegir.
Y eso lo cambia todo.

Antes huía del dolor…ahora lo respiro…!!

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