
Por: M. Psic. C.C. Carlos Salinas G.
Vivimos en tiempos donde la vulnerabilidad y el sufrimiento han adquirido una nueva dimensión social. En lugar de ser aspectos de la vida que buscamos comprender, superar o resignificar, parecen haberse convertido en credenciales de identidad. Hoy, muchas personas no solo reconocen sus heridas, sino que las exhiben como si fueran trofeos, entrando en una especie de competencia implícita por quién ha sufrido más. A este fenómeno se le ha llamado Victimismo Chic, una tendencia que, desde el contextualismo funcional, nos invita a reflexionar sobre sus consecuencias y sobre cómo podemos relacionarnos con el dolor de una manera más útil y saludable.
¿Qué es el Victimismo Chic?
El término Victimismo Chic se refiere a la actitud de convertir el sufrimiento en una especie de estatus social, donde las experiencias dolorosas dejan de ser solo experiencias y pasan a definir la identidad de las personas. No se trata de negar el dolor real ni de minimizar las dificultades que muchos han atravesado, sino de señalar cómo, en algunos casos, se incentiva la idea de que ser víctima confiere una ventaja moral o social.
Esto puede observarse en discursos que, más que enfocarse en la superación, la resiliencia o la transformación, parecen centrarse en la validación externa y en la acumulación de relatos de sufrimiento como prueba de valor. Se viralizan historias de trauma, se intercambian anécdotas de desgracias y se construyen identidades enteras alrededor de lo que nos ha sucedido en lugar de lo que podemos hacer con ello.
El Contextualismo Funcional y la Construcción del Victimismo
Desde la perspectiva del contextualismo funcional, una corriente filosófica que subyace a la terapia de aceptación y compromiso (ACT) y otras intervenciones conductuales, el lenguaje y el significado que le damos a nuestras experiencias son esenciales para entender cómo nos relacionamos con el mundo. Esta mirada nos invita a analizar el Victimismo Chic no solo como un fenómeno cultural, sino como un patrón de comportamiento reforzado por el contexto social y digital en el que vivimos.
El contextualismo funcional se basa en la idea de que el significado de cualquier comportamiento o experiencia depende del contexto en el que ocurre y de las funciones que cumple en la vida de la persona. Desde esta perspectiva, podemos preguntarnos:
• ¿Qué función cumple la exhibición del sufrimiento en redes sociales?
• ¿Qué consecuencias tiene construir una identidad basada en la victimización?
• ¿Nos ayuda realmente a vivir mejor o nos mantiene atrapados en el dolor?
El problema no es reconocer el sufrimiento, sino quedarse estancado en él. Cuando la identidad de una persona se construye exclusivamente alrededor de sus heridas, su mundo se reduce a la repetición de un relato de dolor, limitando su capacidad de actuar de manera flexible en distintas situaciones de la vida.
Las Redes Sociales y la Validación del Sufrimiento
Uno de los principales factores que ha amplificado esta tendencia es el uso de las redes sociales. Plataformas como X (Twitter), TikTok o Instagram han creado un ecosistema donde compartir experiencias personales de sufrimiento puede generar atención, apoyo e incluso cierto estatus social. Si una publicación sobre un momento difícil recibe miles de “me gusta” y comentarios de empatía, el refuerzo positivo es inmediato.
Este mecanismo de refuerzo puede hacer que las personas, de manera involuntaria, adopten un papel de víctimas de manera recurrente, ya que les brinda una sensación de conexión y validación. La validación es necesaria, pero cuando se convierte en el motor principal de nuestra identidad, podemos caer en un círculo vicioso donde la única forma de sentirnos vistos o escuchados es a través del sufrimiento.

Impacto en las Relaciones Interpersonales
El Victimismo Chic no solo afecta a nivel individual, sino que también tiene repercusiones en nuestras relaciones interpersonales. Algunas de las formas en que impacta son:
1. Competencia por el dolor: En lugar de generar empatía genuina, el sufrimiento se convierte en una especie de moneda de cambio. Las conversaciones dejan de ser sobre apoyo mutuo y se transforman en una competencia implícita por quién ha tenido la vida más difícil.
2. Desgaste emocional: Las relaciones donde una persona se posiciona constantemente como víctima pueden volverse agotadoras para los demás. La victimización crónica puede generar dinámicas donde la otra persona se siente obligada a ofrecer apoyo constante sin recibir lo mismo a cambio.
3. Falta de responsabilidad personal: Si el sufrimiento define la identidad de una persona, puede volverse difícil asumir responsabilidad sobre el propio bienestar. Es más fácil atribuir la causa de todos los problemas a factores externos que tomar decisiones para cambiar la situación.

El Peligro de Quedarse en el Papel de Víctima
Es fundamental reconocer que el dolor es real y que muchas personas han vivido experiencias difíciles que han dejado huellas profundas. Sin embargo, el problema surge cuando este sufrimiento se convierte en el eje central de nuestra identidad y en la única forma en que nos relacionamos con los demás.
Desde el contextualismo funcional, podemos entender que lo importante no es si hemos sufrido o no, sino qué hacemos con ese sufrimiento. En lugar de quedarnos atrapados en una narrativa de victimización, podemos preguntarnos:
• ¿Qué valores quiero que guíen mi vida más allá de lo que me ha pasado?
• ¿Cómo puedo usar mi historia para crecer y conectar con los demás de una manera más saludable?
• ¿Qué acciones puedo tomar para construir una vida significativa sin que mi sufrimiento sea mi única identidad?
Hacia una Relación más Sana con el Sufrimiento
El sufrimiento es parte de la vida, pero no tiene por qué definirnos. Desde un enfoque funcional, podemos aprender a relacionarnos con nuestro dolor de una manera más útil y flexible. Algunas estrategias para lograrlo incluyen:
1. Aceptar el sufrimiento sin glorificarlo: Reconocer que hemos pasado por momentos difíciles, pero sin aferrarnos a ellos como nuestra única fuente de identidad.
2. Buscar sentido en la acción, no solo en la narrativa: En lugar de centrarnos únicamente en contar nuestra historia, podemos enfocarnos en qué hacemos con ella. Ayudar a otros, aprender nuevas habilidades y trabajar en nuestro bienestar pueden ser formas más saludables de procesar el dolor.
3. Cultivar una identidad basada en valores: Preguntarnos qué tipo de persona queremos ser más allá de lo que hemos experimentado. Enfocarnos en la resiliencia, el crecimiento y la contribución nos permite construir una identidad más rica y flexible.
Conclusión
El Victimismo Chic es un fenómeno que nos invita a reflexionar sobre cómo nos relacionamos con el dolor y cómo construimos nuestra identidad en la era digital. Desde el contextualismo funcional, podemos ver que el problema no es haber sufrido, sino quedarnos atrapados en el sufrimiento como nuestra única fuente de significado.
El reto no es negar nuestras heridas, sino aprender a vivir con ellas sin que nos definan por completo. En lugar de competir por quién ha sufrido más, podemos elegir construir una vida basada en aquello que realmente valoramos.
Después de todo, el dolor es inevitable, pero la manera en que lo usamos para crecer está en nuestras manos.

1 Comment
Totalmente de acuerdo con este artículo r. La clave no está en negar nuestras heridas, sino en integrarlas de manera que no nos definan por completo. Más que competir por el sufrimiento, podemos enfocarnos en construir una vida alineada con nuestros valores. Al final, el dolor es parte de la vida, pero nuestra respuesta a él es lo que realmente nos transforma. Hacen falta más artículos sobre este tema para abrir los ojos.