
Por: M. Psic. C.C. Carlos Salinas G.
1. La feria de espejos
En ocasiones me descubro navegando en redes sociales como quien entra en una feria de espejos. Cada perfil refleja un universo posible: trabajos ideales, viajes de postal, cuerpos cincelados, relaciones de catálogo, relatos de éxito narrados como si fueran inevitables. Y entonces surge la pregunta:
¿Estoy viviendo lo suficiente?
Lo curioso es que esas comparaciones no se sienten como simples juegos mentales; a veces pesan como si definieran mi dignidad. Y en el fondo, sé que lo que está en juego no es la vida de otros, sino la mía: esa que late entre mis manos, imperfecta, limitada y real.
2. El espejismo digital
Byung-Chul Han dice que habitamos una sociedad del cansancio, agotados no por la opresión externa, sino por la exigencia interna de serlo todo. Yo traduzco su idea así: las redes no nos están oprimiendo, pero sí amplifican hasta la extenuación la tentación de ser infinitos.
Ver mil vidas a la vez me empuja a intentar habitar todas, cuando en realidad apenas cabe una. Y ahí nace la paradoja: nunca hemos tenido tantas opciones, y nunca habíamos sentido tanto vacío.
Y esto me lleva a recordar unno de los principios del Contextualismo Funcional, que es la ciencia en la que me especializo, que nos plantea que la evitación del dolor es la fuente de más dolor. Tal vez en el scroll no buscamos solo entretenimiento, sino anestesia: distraernos del miedo a no ser suficientes.
3. La fatiga de identidades
Y sin duda, uno de los más grandes aprendizajes que he obtenido, es la evidencia que demuestra que el sufrimiento brota de nuestras raíces de amor: duele porque algo importa. Si me lastima la comparación, no es por vanidad: es porque anhelo una vida con dirección y sentido.
Por ello, la autenticidad no es una etiqueta, sino un compromiso diario. La pregunta nunca es “¿cómo me veo en redes?”, sino “¿qué persona quiero ser hoy, aquí, en lo ordinario?”.
Lo veo en pacientes y colegas: la presión de “marcar” una vida brillante genera fatiga de identidades. Y es que intentar ser todos los personajes posibles deja sin espacio al único que importa: el que somos cuando nadie nos mira.
4. Renunciar como forma de libertad
Aquí me atrevo a poner sobre la mesa una hipótesis personal:
Vivir mil vidas es, muchas veces, una forma elegante de evitar la nuestra.
El ruido de las comparaciones anestesia la incomodidad de elegir. Porque elegir implica renunciar. Y renunciar duele.
Pero en esa renuncia está escondida la libertad: al dejar de intentar vivir todas las vidas posibles, empiezo a abrir espacio para vivir la mía con coherencia.
La forma en la que nos hemos desnaturalizado de nuestra humanidad, nos ha mostrado cómo la compasión no es debilidad, sino coraje: atreverse a elegir con ternura hacia uno mismo. Kristin Neff lo traduce en términos claros: no necesito ser brillante para ser digno de amor.
5. Hacer espacio para lo propio
Las terapias contextuales ofrecen herramientas concretas para pasar del espejismo a la raíz:
- ACT (Acceptance and Commitment Therapy): aceptar la incomodidad de no ser todos, para poder comprometerme con lo que importa en mi vida real.
- CFT (Compassion Focused Therapy): cultivar una voz interna que diga “te entiendo” en lugar de “no eres suficiente”.
- DBT (Dialectical Behavior Therapy): recordarme que puedo querer cambiar y, a la vez, aceptarme ahora. Dos verdades que se sostienen juntas.
- FAP (Functional Analytic Psychotherapy): comprender que la autenticidad no se mide en likes, sino en la intimidad de mis relaciones.
Con estas brújulas, el dilema deja de ser “¿cómo brillo más?” y se convierte en “¿cómo vivo más vivo?”.
6. Una vida propia
Thich Nhat Hanh decía: “La paz está en cada paso”. A veces me descubro pensando que la coherencia interna es menos glamorosa, pero infinitamente más profunda: es caminar un paso a la vez en dirección a mis valores, no hacia las pantallas.
Y esto me lleva definitivamente a entender la belleza como un susurro. Creo que una vida propia se parece a eso: no hace ruido, pero resuena.
Hoy me concedo una certeza: prefiero una vida que se sienta mía, aunque nadie la aplauda, que mil vidas brillantes que nunca podré habitar.
7. Invitación
No escribo esto para criticar las redes. Tampoco para romantizar la soledad digital. Lo escribo como quien reconoce su propia trampa y busca salir de ella.
Tal vez tú también sientas cansancio de habitar fragmentos ajenos. Si es así, te invito a este gesto radical:
- Desactiva por un instante el “modo consumir vidas”
- Haz espacio para escuchar tu propia coherencia
- Y empieza a tejer la vida que, aunque discreta, late como auténtica
No será trending. No brillará como diamante. Pero será tuya.
Y quizá esa sea la verdadera revolución: atrevernos a vivir una vida que se sienta propia, aunque no deslumbre a nadie más.
👉 Si este texto tocó una fibra en ti, compártelo. Tal vez, entre mil vidas posibles, alguien necesita escuchar que la suya basta.
Antes escapaba del Dolor…ahora lo respiro…!




1 Comment
Me encantó
Uff el Espejismo Digital gracias por concientizar